Tanto en el trabajo de campo que realizamos para la Tesis como en otros viajes en busca de gárgolas, de vez en cuando y por fortuna nos hemos encontrado con alguna imagen de dragón gárgola.

Hoy os invito a adentraros conmigo en el mundo de una de las criaturas más conocidas, significativas, atractivas y mágicas de la mitología: el dragón.

Sus representaciones son múltiples y su simbología fascinante.

Jardines Yuyuan (Shanghái, China). Imagen 1.

Como ya dijimos al hablar de las tipologías, las fuentes sobre la imagen y simbología del dragón se remontan a textos de la Antigüedad, bestiarios, obras mitológicas, tradiciones, supersticiones, etc.

El dragón parece que surgió en Sumeria (Mesopotamia). En el Louvre hay un jarrón para la libación que proviene de Tello (antigua Girsu, estado sumerio de Lagash) de 2150 a. C., donde aparece un monstruo alado con cabeza de serpiente y tiara con cuernos que podría ser la primera representación del dragón, con una posible simbología de fortaleza real.

Entre las características que se le atribuyen está la de ser un animal fuerte, vigilante y de vista agudísima. Esta fuerza extraordinaria hizo que custodiaran templos, oráculos, vírgenes o tesoros. Para los paganos era símbolo de prudencia, sabiduría y vaticinio. Los persas y los partos portaban leones y dragones delante de sus ejércitos para amedrentar a sus enemigos. También destacan las legiones romanas de las que el dragón era emblema, o las naves de los vikingos donde se mostraba en la proa. En la Persia aqueménida hallamos dragones que combaten las fuerzas del mal.

En China, el dragón es un animal de buen presagio, símbolo de fortaleza, sabiduría, prosperidad y perfección, y vinculado a los valores benéficos del yang (principio masculino) frente al yin (principio femenino). La dinastía Ming (1368-1644) difundió la imagen del dragón en las artes decorativas (porcelanas, telas y tapices, armas, vestidos, instrumentos de música, etc.), hecho que facilitó su difusión.

Según Baltrušaitis, los dragones se utilizaban al mismo tiempo en el Islam (fábulas de Ibn Buhtyašū de 1291, dragones de las ilustraciones del reino mongol…). El Extremo Oriente es claramente tierra de dragones.

Templo Doi Suthep (Chiang Mai, Tailandia). Imagen 2.

Monasterio Shaolín (Dengfeng, China). Imagen 3.

Jardines Yuyuan (Shanghái, China). Imagen 4.

Templo de Chiang Mai (Tailandia). Imagen 5.

Templo Blanco (Chiang Rai, Tailandia). Imagen 6.

Templo Doi Suthep (Chiang Mai, Tailandia). Imagen 7.

En otras culturas también tenemos representaciones de dragones. En el África negra, los espíritus protectores suelen tener forma de serpiente, así como en Nueva Zelanda o en Indonesia. En Sumatra, el singa (serpiente con cuernos, cabeza de caballo y lengua ondulante) protege los hogares y a los muertos si aparece en una lápida. Y en Méjico está Quetzalcóatl, divinidad azteca, serpiente con plumas (dragón alado).

En la mitología griega hay representaciones dragontinas: las Gorgonas, Equidna, Tifón, Hidra de Lerna… En el mundo grecorromano, el dragón se vincula al concepto de héroe que vence al monstruo (Perseo, Jasón, Hércules, Cadmo).

La iconografía cristiana vinculará al dragón a la idea del mal y al demonio, y se representarán no sólo dragones sino otras criaturas emparentadas con la serpiente que como sabemos es símbolo del diablo en el Génesis, un significado que en ocasiones podemos trasladar al dragón gárgola.

El dragón del arte cristiano deriva de un modelo oriental (serpiente con patas cubierta de escamas, a veces con cresta dorsal con espinas o con dientes de sierra), y de un modelo celta (la serpiente con cabeza de carnero que acompaña al dios celta Cernunnos, que aparece en una placa de plata de Gundestrup del siglo I a. C., es una variedad de dragón).

La hagiografía ofrece leyendas de santos y santas que vencen al dragón (el mal) como San Jorge, San Marcelo, Santa Marta, Santa Radegunda, San Andrés de Aix-en-Provence, San Armentario, etc.

Entre la gran cantidad de presagios funestos que surgieron hacia el año mil, según la crónica de San Medardo de Soissons (ss. V-VI) y del monje Sigeberto de Gembloux (ss. XI-XII), está la aparición de un dragón celestial.

San Isidoro en sus Etimologías dice que el dragón es el mayor de todos los animales que habitan en la tierra. Los griegos lo llaman drakôn , y derivado de éste es el latino draco. Nos dice que está dotado de cresta, boca pequeña y unos estrechos conductos por los que respira y saca la lengua. Pero su fuerza no radica en su boca sino en su cola a modo de látigo.

La imagen del dragón fue evolucionando. De simple serpiente sin alas ni patas del Románico llegaremos al imponente dragón gótico con escamas, cresta y alas membranosas. Especialmente se verán en el siglo XIII dragones con alas de murciélago y crestas dentadas.

El dragón seguirá representándose en el Renacimiento y será un motivo habitual del grutesco. El tipo medieval de dragón continuará, con cambios formales pero con la misma simbología.

Nuevo Ayuntamiento (Múnich, Alemania). Imagen 8.

Representaciones infinitas a lo largo de los siglos que vemos en escultura, pintura, dragón gárgola… La imagen del dragón aparece en incontables lugares y países. Pero no sólo lo vemos representado en escultura, pintura o artes decorativas, sino que aparece en todas las artes de nuestro tiempo: cine, ilustración, literatura, animación…

Y siempre sobrepasando los límites de la imaginación y la fantasía.

DRAGÓN GÁRGOLA

 

Catedral Nueva de Salamanca. Imagen 9.

Catedral de Wawel (Cracovia, Polonia). Imagen 10.

Catedral Nueva de Salamanca. Imagen 11.

Kunming (Yunnan, China). Imagen 12.

Dragón gárgola. Kunming (Yunnan, China). Imagen 13.

Dragón bicéfalo. Catedral Nueva de Salamanca. Imagen 14.

Catedral Nueva de Salamanca. Imagen 15.

Bibliografía consultada

BALTRUŠAITIS, J., La Edad Media fantástica. Antigüedades y exotismos en el arte gótico, Madrid, Ediciones Cátedra, S. A., 1987.

DE PINEDO, DOM. R., El simbolismo en la escultura medieval española, Madrid, Espasa-Calpe, S. A., 1930.

DELACAMPAGNE, A. y C., Animales extraños y fabulosos. Un bestiario fantástico en el arte, Madrid, Editorial Casariego, 2005.

FOCILLON, H., El año mil, Madrid, Alianza Editorial S. A., 1966.

GARCÍA ÁLVAREZ, C., El simbolismo del grutesco renacentista, Universidad de León. Secretariado de Publicaciones, 2001.

GRIVOT, D., Le diable dans la cathedrale, Paris, Editions Morel, 1960.

MATEO GÓMEZ, I., Temas profanos en la escultura gótica española. Las sillerías de coro, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto Diego Velázquez, 1979.

SAN ISIDORO DE SEVILLA, Etimologías, II (Libros XI-XX), Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos. Editorial Católica, S. A., 1982.

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