Prosiguiendo con la entrada dedicada a los animales insólitos que aparecen en las imágenes de gárgolas, os invito a seguir descubriendo animales reales tan sorprendentes y peculiares como el primero que os presento: el caballito de mar.

En el mundo griego y romano, el caballito de mar era emblema del elemento marino, se consideraba genio tutelar, curador y guía de los muertos. Tanto el caballito de mar como la rana son animales vinculados al agua, como las sirenas que, según Brunetto Latini (filósofo del siglo XIII) son “meretrices”, seres maléficos “que habitan en el agua porque la lujuria nace de la humedad”.

Caballito de mar. Catedral de Salamanca. Imagen 1.

El cerdo representa al demonio de la sensualidad y la gula. Aristóteles (s. IV a. C.) dice que, después del hombre, los cerdos, junto a los perros, son los animales que más copulan. Plinio el Viejo (s. I) lo tilda de estúpido porque la mayoría son incapaces de reconocer la voz de su dueño.

Cerdo. Abadía de Saint-Savin-sur-Gartempe (Francia). Imagen 2.

Cerdo. Monasterio de Alcobaça (Portugal). Imagen 3.

Cerdo. Catedral de Guarda (Portugal). Imagen 4.

Cerdo. Catedral de Bayonne (Francia). Imagen 5.

Otro de los animales singulares en las imágenes de gárgolas es el hipopótamo. En el Antiguo Testamento representa, junto al cocodrilo, las fuerzas del mal que sólo Dios puede vencer. Para Eliano (ss. II-III), “es el animal más impío porque devora a su mismo padre”. Símbolo de irreverencia, ingratitud y de la impiedad y crueldad de los hijos contra los padres, el hipopótamo está ligado al agua, aunque obtiene su alimento en las riberas del río que habita. Los griegos lo denominaron “caballo de río”, que es lo que su nombre significa, argumentando que su bramido sólo se puede comparar con el relincho de un caballo nervioso.

Hipopótamo. Monasterio de Alcobaça (Portugal). Imagen 6.

Una de las simbologías más interesantes es la del gallo. En todo el mundo antiguo, se convirtió en emblema por su fiereza y valor a la hora de defender a sus polluelos y sus madres. En China fue emblema del defensor de la familia. Especialmente el gallo blanco fue imagen de lo bueno, estimable y de gran valor. Asimismo, el gallo fue símbolo de vigilancia por su voz: “No es un canto, no es un grito, sino que es algo como un sonido de fanfarria que nace; según la hora, es señal de alerta, es la voz del jefe o del padre atento, es el cuerno del triunfador que toca a los cuatro vientos, muy alto, su victoria y su alegría…” (Charbonneau-Lassay, 1997). Al igual que ocurría en la Antigüedad, también en China se piensa que la voz del gallo tiene el poder de alejar los malos espíritus. En el cristianismo, se relacionó con la Voz de Cristo que llama a las almas a oración. No obstante, su fuerza viril y procreadora le convirtió en símbolo de lascivia; y en la Edad Media europea fue emblema de la ira debido a los frecuentes combates entre los gallos jóvenes.

Gallo. Monasterio de Batalha (Portugal). Imagen 7.

Pasamos ahora a hablar de uno de mis animales más queridos: el gato. Aunque es casero, el gato no lleva bien lo de estar encerrado, por lo que es símbolo de la libertad. Por ello aparece en algunos blasones: los antiguos alanos, borgoñones y suevos lo llevaban en sus enseñas mostrando que, al igual que el gato no puede ser retenido a la fuerza, estos pueblos tampoco aceptaban la servidumbre. En tiempos de Aristóteles se le consideraba un animal lujurioso. El gato es un animal nocturno. De noche le brillan los ojos: “Vence la oscuridad de la noche con las ascuas de sus ojos” (Thomas de Cantimpré, s. XIII). En Egipto, los cambios de su pupila para adaptarse a la luz evocaban las fases de la luna. Nocturno, de ojos brillantes y lujurioso, atributos que, desgraciadamente, en el mundo medieval hicieron que el gato fuese considerado símbolo del diablo y compañero de las brujas que a menudo se decía que adoptaban la apariencia de un gato negro. Todo esto, unido a la idea de que dan mala suerte, ha ocasionado que se les trate lamentable e injustamente con crueldad y desprecio. Pero no todo va a ser malo. Existe una leyenda llamada Gatta della Madonna que relata que en el nacimiento de Cristo un gato dio a luz una camada de gatitos en el mismo establo, por lo que este gato se muestra con una marca en forma de cruz en su espalda. Aunque lo vemos muy poco representado en gárgolas, sí aparece en otras artes, como en el Canterbury Bestiary (h. 1290-1300), o en un canecillo del siglo XII de Notre Dame de Vouvant (Francia).

Gato. Monasterio de Alcobaça (Portugal). Imagen 8.

Gato. Catedral de León. Imagen 9.

Otro de los animales inusuales en las imágenes de gárgolas es el mono. La figura del simio ha sido utilizada para simbolizar el pecado, la malicia, la astucia y la lujuria. También es emblema del alma perezosa del hombre. El mono simboliza asimismo al diablo, que a veces se representa con la forma de un simio, y cuando se muestra encadenado se relaciona con la idea del pecado conquistado por la fe y la virtud. El simio aparece en alguna ocasión, junto con otros animales, en escenas de la Visitación de los Magos. También lo vemos representado en otras artes como en el Bestiario de El Escorial del siglo XIV.

Simio. Nuevo Ayuntamiento de Múnich (Alemania). Imagen 10.

Simio. Monasterio de Batalha (Portugal). Imagen 11.

Para autores como Cirlot (Diccionario de símbolos, 1969), el simbolismo animal se puede relacionar con el totemismo y la zoolatría. Hablamos de una necesidad simbólica que comenzó con las primeras tribus, que sigue en nuestros días y que “durará mientras haya hombres sobre la tierra”. La imagen totémica supone para Cassirer (El pensamiento mítico, 1971) una auténtica identidad, no parece haber diferencia entre el hombre y la bestia; una “identidad psíquica” entre el hombre primitivo y algunos animales salvajes.

A lo largo de la historia ha habido épocas en las que la comunicación con los animales apenas existía, y esto los convertía en extraños e impenetrables. El hombre proyectaba en ellos sus miedos y angustias, atribuyéndoles unos poderes que en muchos casos les ha perjudicado gravemente debido a ese simbolismo negativo inventado por el hombre. Los animales no tienen poderes negativos, son seres maravillosos que habitan el planeta al igual que los humanos. Y siempre están con nosotros, compañeros en momentos tristes y alegres, en la historia, en el arte, en definitiva, en el viaje de la vida.

 

Bibliografía consultada

CHARBONNEAU-LASSAY, L., El bestiario de Cristo. El simbolismo animal en la Antigüedad y la Edad Media, vols. I y II, Palma de Mallorca, José J. de Olañeta, Editor, 1997.

El Fisiólogo. Bestiario Medieval, trad.: M. Ayerra Redín y N. Guglielmi, introducción y notas de N. Guglielmi, texto utilizado: Physiologus latinus. Versio Y, editado por F. J. Carmody, University of California, Publications in Classical Philology, vol. 12, nº 7, pp. 95-134, University of California Press, Berkeley and Los Ángeles, 1941, Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1971.

FERGUSON, G., Signs & symbols in Christian Art, New York, Oxford University Press, 1961.

HASSIG, D., Medieval Bestiaries. Text, Image, Ideology, Cambridge University Press, 1995.

KAPPLER, C., Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media, Madrid, Ediciones Akal, S. A., 1986.

KENAAN-KEDAR, N., Marginal Sculpture in Medieval France. Towards the deciphering of an enigmatic pictorial language, Hants (England) and Vermont (USA), Scolar Press and Ashgate Publishing Company, 1995.

MALAXECHEVERRÍA, I., Bestiario medieval, edición y traducción del inglés de I. Malaxecheverría, Madrid, Ediciones Siruela, S. A., 2008.

MARIÑO FERRO, X. R., El simbolismo animal. Creencias y significados en la cultura occidental, Madrid, Ediciones Encuentro, 1996.

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