Después de admirar las gárgolas de la Catedral Nueva de Vitoria, en la entrada de hoy vamos a seguir disfrutando de las gárgolas del País Vasco, y nos vamos a ir a la bella localidad de Irún, lugar donde he descubierto unas de las figuras más peculiares y pintorescas que he visto en mis viajes hasta ahora.

Se trata de las gárgolas de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Juncal en Irún (Guipúzcoa), magnífico templo erigido entre los siglos XVI y XVII, que aúna tres estilos ―gótico, renacentista y barroco― en su construcción.

Esta preciosa iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en junio de 1973.

 

 

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Juncal (Irún). 

 

 

Las gárgolas son muy curiosas y sorprendentes. Respecto a su iconografía, vemos animales reales como el león y el cordero, y también un animal fabuloso, el grifo.

Aunque ya lo tratamos en la entrada dedicada a las gárgolas de La Lonja de Mar de Perpignan, recordemos que la investigación sobre el grifo nos dice que es un animal mitológico, mitad águila y mitad león. Su representación se remonta a la Antigüedad (Babilonia, Persia, India antigua). Plinio (s. I) dice que son originarios del país de los escitas (Rusia septentrional), y Esquilo (ss. VI-V a. C.) los sitúa en Etiopía. Sus dos mitades le conceden todos los atributos del león (rey de la tierra) y del águila (reina del aire). La historia nos cuenta que en Grecia y Roma se le consideraba guardián de las tumbas; entre los griegos también era un animal de luz, por eso a veces aparece sentado a los pies de las estatuas de Apolo. En la simbología cristiana, al reunir las dos naturalezas (águila y león), es uno de los mejores emblemas de la doble naturaleza de Cristo: el busto de águila representa la divinidad del Salvador, y el cuerpo de león representa su humanidad. El grifo es asimismo símbolo de sabiduría y también guardián de tesoros, especialmente de la esmeralda. En cuanto a sus poderes negativos, el grifo representó a menudo a Satán por su pico de rapaz y sus garras de depredador; algunos autores medievales lo vinculan asimismo al demonio por su crueldad y poder de destrucción. San Isidoro (ss. VI-VII) dice: “Son terriblemente peligrosos para los caballos. Del mismo modo, despedazan a los hombres que encuentran a la vista”.

El cordero, como animal inocente, manso, flemático y paciente representa la humildad, la inocencia y la paciencia. Por ser manso también en el altar, se suponía que aceptaba el sacrificio, por eso los judíos lo utilizaban para las ofrendas. Así, el cordero se convirtió en símbolo de Cristo, quien mansamente y como un cordero, se ofreció en sacrificio para redimir a la humanidad.

Aunque la tipología es habitual, lo verdaderamente llamativo de estas gárgolas es el estilo escultórico y la labra ―curiosamente, algunas semejan a gárgolas de la Catedral de Astorga―. Son figuras con rasgos significativos, como por ejemplo los morros alargados y puntiagudos, o las cabezas ladeadas que las dota de movimiento. Además, algunas llevan adornos como collares o cintas en el cuello, y también petral ―una correa o faja que aparece también en algunas gárgolas de la Catedral de Burgos―. Estos adornos, junto a los ojos almendrados y contorneados, recuerdan a las imágenes del arte de la Antigüedad (Mesopotamia, Persia) y, si además añadimos la presencia de grifos como criatura probablemente originaria de esos mundos, las convierte en unas gárgolas evocadoras y fascinantes. Una demostración más de la belleza artística de las gárgolas del País Vasco.

 

 

 

León.

 

Cordero.

 

Grifo.

 

León.

 

Grifo.

 

Cordero.

 

Grifo.

 

Grifo.

 

Grifo.

 

Grifo.

 

 

 

Bibliografía consultada

CHARBONNEAU-LASSAY, L., El bestiario de Cristo. El simbolismo animal en la Antigüedad y la Edad Media, vol. I, Palma de Mallorca, José J. de Olañeta Editor, 1997.

MARIÑO FERRO, X. R., El simbolismo animal. Creencias y significados en la cultura occidental, Madrid, Ediciones Encuentro, 1996.

 

 

 

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