Arte Historia

En una entrada anterior hablamos sobre la expresividad en las imágenes de gárgolas. No cabe duda de que uno de los aspectos más sugestivos, sorprendentes y atrayentes son los gestos y expresiones de estas fascinantes e imponentes figuras.

Uno de los gestos que a veces podemos apreciar, aunque no es de los más habituales, es el de gritar.

Sobre la representación del grito en la Edad Media, la historiadora del arte Nurith Kenaan-Kedar nos dice que los gritos que vemos representados a veces en los canecillos son los de los pecadores siendo torturados en el infierno, aunque también pueden mostrar o interpretarse como un intento de englobar y describir el dolor y el terror de este mundo. En el arte marginal, los sufrimientos individuales de dolor se ven en los locos, los enfermos, los viejos, y a veces en los juglares. La representación visual de emociones individuales tenía como objetivo retratar y mostrar el dolor y el sufrimiento, y los que gritan son figuras marginales: borrachos, mendigos, enfermos, prostitutas, incluso los mismos artistas.

En su investigación, esta autora afirma que el impulso más significativo en las representaciones del grito en el arte del siglo XII fue precisamente en la escultura marginal, incluyendo canecillos y gárgolas, donde los artistas representaban el grito espontáneamente, directo, dramático y diferente a cualquier imagen que se hubiese visto antes en la Edad Media. En los siglos XII y XIII, el grito es “oído” en descripciones visuales y escritas de los condenados lamentando sus castigos en el infierno, y se señala en varios textos de forma similar en torturados y torturadores, así como en algunas imágenes de pinturas y relieves de los condenados y demonios de juicios finales.

Las representaciones más frecuentes del grito se acompañan de lenguas prominentes, dientes que se muestran, risas estridentes…, características propias del demonio. No obstante, en las figuras humanas estos rasgos expresan recriminación y provocación. Las imágenes de mujer gritando se repiten habitualmente en la escultura marginal románica y gótica; a menudo la cabeza aparece torcida hacia delante o hacia atrás y las manos ocupadas en tirarse del pelo. En el siglo XV, el gesto de gritar se mostraba muy exagerado y extremo.

Dejando aparte la interesante literatura sobre el tema, el grito ―además de otros gestos que veremos en futuras entradas― es un pedacito inseparable de la total y desbordante expresividad que los escultores de gárgolas quisieron dejar reflejada en cada una de sus figuras, mostrando así su infinita y soberbia creatividad artística.

 

Fotografías de gárgolas

 

Basílica de St. Nazaire et Celse en Carcassonne (Francia).

 

Palacio de Monterrey (Salamanca).

 

Catedral María Inmaculada (Vitoria).

 

Catedral de St. Jean Baptiste en Perpignan (Francia).

 

Basílica de St. Nazaire et Celse en Carcassonne (Francia). 

 

Iglesia de Santa María la Mayor de Valderrobres (Teruel).

 

Catedral María Inmaculada (Vitoria).

 

Catedral de St. Michel en Carcassonne (Francia).

 

Catedral María Inmaculada (Vitoria).

 

Basílica de St. Nazaire et Celse en Carcassonne (Francia).

 

Bibliografía consultada

KENAAN-KEDAR, N., Marginal Sculpture in Medieval France. Towards the deciphering of an enigmatic pictorial language, Hants (England) and Vermont (USA), Scolar Press and Ashgate Publishing Company, 1995.

 

 

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