Arte Historia

Esta primera entrada del año nuevo que iniciamos me gustaría dedicarla a un tema fascinante, presente en toda mi investigación y profundamente ligado al mundo de las gárgolas. Me estoy refiriendo al monstruo, no sólo como forma sino como concepto a lo largo de la historia. Adentrarse en el universo del monstruo es una tarea atrayente, aunque inacabable por el volumen de fuentes documentales y bibliografía que existe sobre el tema. No obstante, hoy os animo a emprender un viaje por el fantástico mundo del monstruo en el arte.

 

 

grotescos arte historia

Grotesco. Catedral de León.

 

Al adentrarnos en la visión del horror en el arte, hallamos innumerables imágenes terroríficas que generalmente provocan miedo a quienes las contemplan. Visiones que aparecen desde la más remota Antigüedad y que no sólo causan pánico sino atracción, una inherencia ligada a lo más intrínseco de nuestro ser.

El monstruo se ha entendido de diversas maneras a lo largo de los siglos. Rudolf Wittkower (1901-1971) define a los monstruos como “seres compuestos que siempre han habitado la imaginación humana”. Según él, los griegos sublimaron sus temores en los monstruos de su mitología (centauros, sátiros, sirenas…), pero también racionalizaron esos miedos inventando razas y animales monstruosos que imaginaron viviendo a gran distancia, en Oriente, y en especial en la India. Todas las civilizaciones de la Antigüedad (China, India, Persia, Babilonia, Egipto, Grecia y Roma) representaron en sus edificios la divinidad, el hombre y el animal, cada uno con un carácter propio.

 

 

 gárgolas de sirenas

Sirena. Ayuntamiento de Bruselas (Bélgica).

 

gárgolas en China

Gárgolas del Templo del Cielo (Pekín, China).

 

Existe una serie de figuras o imágenes monstruosas que han coincidido en diversas civilizaciones en la misma época aunque geográficamente muy alejadas, pensemos por ejemplo en el cuadrúpedo alado. La razón más obvia de esta coincidencia es la influencia entre culturas a través de los traslados por viajes, comercio o guerras, tanto de personas como de objetos. Pero otra podría ser “el producto de ciertas leyes inmutables, lógicas o psicológicas” (Delacampagne, A. y C., 2005).

 

gárgola cuadrúpedo alado

Cuadrúpedo alado. Catedral de León.

 

monstruo en arte

Cuadrúpedo alado. Catedral de Segovia.

 

Pero, ¿qué funciones cumplen los monstruos en la mente humana para que perduren a lo largo de los siglos? Numerosos autores de diversas disciplinas han analizado el tema desde distintas perspectivas: psicológica, artística, filosófica, religiosa o moral. Algunos incluso lo han relacionado con el psicoanálisis. Como dice Claude Kappler, “la búsqueda del monstruo es una cacería rica en imprevistos”. Este mismo autor defiende la idea de que el monstruo nos ofrece un camino hacia el conocimiento del mundo y de uno mismo. La imaginación, los sueños, lo irracional, todo se sirve de los monstruos. Es un medio terapéutico, ya que a través del monstruo se expresan las emociones y ansiedades. Es, en efecto, una búsqueda o conocimiento de nosotros mismos. El monstruo aparece asimismo en el arte (primitivo, surrealista, infantil, psicopatológico) con una función terapéutica: “proyectar los fantasmas en un monstruo equivale a exorcizarlos, y por ello, a juzgarlos y a liberarse, parcial o totalmente. Los monstruos de las Tentaciones de San Antonio no son sufridos pasivamente por el santo, esas tentaciones funcionan a modo de psicoanálisis”. Los monstruos pertenecen a nuestro mundo interior y oculto. Lascault dice que no debemos separar el monstruo de los sentimientos que provoca en el espectador.

En su Libro de las maravillas del mundo, Jean de Mandeville (s. XIV) define los monstruos de forma negativa, como una especie de locura de la imaginación. El criterio está en la Naturaleza, en la idea de ir contra natura. La Naturaleza es la norma, el orden, la perfección. El monstruo es por tanto imperfecto, es el desorden. Sin embargo, esto lleva a pensar que el desorden existe en la Naturaleza, aunque este desorden forma parte de un plan que desconocemos. Por su parte, san Agustín (354-430) afirma que el desorden sólo existe en apariencia. El propio Ambroise Paré, en la edición de su obra Monstruos y prodigios de 1573, define los monstruos como “cosas que aparecen contra el curso de la Naturaleza”. Y más tarde, en la edición de 1579, mejora la idea y dice que “monstruos son cosas que aparecen más allá del curso de la Naturaleza”. Esta idea de vincular al monstruo con la deformidad y el desorden nos lleva a considerarlo como enemigo de la belleza. Sin embargo, todo aquello que se sale de los límites no tiene que ser feo, sino que un monstruo puede ser bello por ser precisamente una excepción. Como dice Kappler, esto demuestra que el concepto de monstruo es relativo y subjetivo.

El medievalista Jacques Le Goff (1924-2014) reflexiona en su libro Una larga Edad Media sobre los monstruos y nos dice que éstos fueron creados por Dios para demostrar, por un lado, su omnipotencia, ya que su existencia demuestra que nada lo limita en su creación, ni siquiera la razón; y por otro, para enseñar al hombre lo que debe y no debe ser y hacer. Para ser un verdadero hijo de Dios hay que decirse al contemplarlos: “No debo parecerme a ellos”. Pero, para que esta comparación sea posible, el monstruo no debe ser totalmente inhumano. Por eso normalmente incorpora algún elemento humano.

Al final de la Edad Media hay un mayor interés por lo diabólico. Por ello, lo monstruoso, que antes había pertenecido al ámbito natural y cosmológico, adquiere ahora, a partir de los siglos XIV y XV, una nueva dimensión. Se introduce, como dice Kappler, en la vida, en el arte, en la religión y en la teología. El diablo, la mujer y el monstruo, van a formar una poderosa unidad. Proliferarán imágenes monstruosas con formas y atributos satánicos y lujuriosos. Los temas iconográficos serán de carácter demoníaco: lucha con el dragón, tentaciones de San Antonio, lujurias, danzas macabras, castigos infernales. Elementos que vemos por ejemplo en la gran obra de El Bosco (1450-1516).

 

 

gárgola monstruo demonio

Monstruo humano. Ayuntamiento de Bruselas (Bélgica).

 

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Demonio. Basílica de St. Nazaire et Celse (Carcassonne, Francia).

 

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Demonio. Catedral de Burgos.

 

gargolas de demonios

Demonio. Catedral de León.

 

Al representar mayoritariamente criaturas monstruosas, la gárgola está unida artística y conceptualmente al monstruo. Como ya sabemos, la gárgola, dejando aparte su funcionalidad como canalón de desagüe, aparece como uno de los mejores ejemplos de estas visiones del horror con la representación de todo tipo de monstruos y demonios que parecen observarnos desde los edificios.

Una de las funciones simbólicas que se atribuye a las gárgolas, y que ya analizamos en una entrada anterior, es la función intimidatoria. El objetivo de estas representaciones es provocar miedo, especialmente en iglesias y catedrales.

 

 

descubrir gárgolas monstruosas

Gárgolas de la Catedral de Burgos.

 

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Demonio. Catedral de Palencia.

 

La imagen del monstruo ha existido siempre, y perdurará a través del tiempo. El monstruo es necesario. Forma parte de nuestra psique y es símbolo de la necesidad de equilibrio entre el orden y el desorden, entre el yin y el yang en Oriente, y entre el bien y el mal en Occidente. Lo opuesto (feo, monstruoso, demoníaco) es por tanto necesario para no destruir el equilibrio, la armonía y la estética en el arte.

No cabe duda de que la belleza (perfección) coexiste con la fealdad (imperfección). La iconografía de todas las épocas está repleta de monstruos. Cada período y civilización ha tenido sus propios monstruos pero, como dice Kappler, “las variantes son de forma y no de fondo”. A lo largo de la historia, han permanecido en el imaginario de la gente, plasmándose en leyendas orales, en las letras y en el arte.

 

 

grotescos monstruos gárgolas

Grotescos. Catedral de Salamanca. 

 

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Monstruo. Catedral de St. Étienne (Limoges, Francia).

 

 

 

Bibliografía consultada

DELACAMPAGNE, A. y C., Animales extraños y fabulosos. Un bestiario fantástico en el arte, Madrid, Editorial Casariego, 2005.

KAPPLER, C., Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media, Madrid, Ediciones Akal, S. A., 1986.

LASCAULT, G., Le monstre dans l´art occidental. Un problème esthétique, París, Editions Klincksieck, 1973.

LE GOFF, J., Una larga Edad Media, Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, S. A., 2008.

PARÉ, A., Monstruos y prodigios, Madrid, Ediciones Siruela, S. A., 2000.

RESSOT, J. P., Apología de lo monstruoso. Una lectura de la obra de Ramón J. Sender, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragonses (Diputación de Huesca), 2003.

WITTKOWER, R., La alegoría y la migración de los símbolos, Madrid, Ediciones Siruela, S. A. Biblioteca de Ensayo 53, 2006.

 

 

 

 

 

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