Gargopedia

Gárgolas y la salida del agua: doccioni y soluciones escultóricas

 

Generalmente, en las gárgolas, la evacuación del agua se realiza a través de las bocas de los seres y criaturas representados. Este hecho explica su marcada expresividad, con bocas abiertas que, en ocasiones, adoptan gestos exagerados y de gran intensidad (risa, grito, dolor).

 

Los doccioni: portadores de elementos y conductores del agua

Sin embargo, no siempre es así. En algunos casos, el agua se canaliza a través de un objeto o de una criatura que acompaña a la figura principal. Es el caso de los doccioni, figuras humanas, generalmente de cuerpo entero y en posición erguida, que portan sobre los hombros un cuenco o vasija, o bien un animal de cuya boca emerge el chorro de agua. Al representar una acción que implica movimiento corporal —verter el agua o cargar un animal—, estas gárgolas destacan por su notable calidad escultórica.

 

 

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Catedral de Milán (Italia). Fotografía: Lola Custodio

 

La evacuación del agua por el ano en las gárgolas

Por otro lado, en algunos casos el desagüe se sitúa en otras partes del cuerpo. Nos referimos a aquellas gárgolas que representan figuras mostrando el ano, por donde se evacúa el agua, en una clara alusión al acto de la defecación. Existen diversas interpretaciones sobre su simbolismo. Rebold Benton se cuestiona si se trata de una intención de alejar al diablo de la iglesia o si, por el contrario, responde a una forma de “travesura” medieval.

En su investigación sobre el arte marginal, Michael Camille afirma que, de todos los aspectos de la cultura medieval, la difusión de la escatología —con el constante juego con las heces en textos e imágenes— es, quizá, uno de los más difíciles de comprender en la actualidad. Los márgenes de los manuscritos están, en efecto, llenos de estas representaciones. “¿Qué pensar de un caballero defecando en cuclillas cuyos excrementos son llevados ceremoniosamente a una dama en un elegante Libro de Horas francés?”, se pregunta el autor.

La primera idea que debemos desterrar es la de considerar esta práctica como una inocente obsesión anal, similar a la que se observa en la infancia. Pero, más importante aún, es necesario abandonar las concepciones modernas y postfreudianas que vinculan los excrementos con la descomposición, la infección o la muerte. La mentalidad medieval no consideraba la materia fecal como suciedad ni como algo fuera de lugar, en términos freudianos. El excremento tenía su propio lugar dentro del orden de las cosas: no era todavía algo oculto, sino una realidad presente en la vida cotidiana, que discurría por las calles y cuyo olor era omnipresente; formaba parte del ciclo de la vida, la muerte y el renacimiento, como señala Camille.

Kenaan-Kedar afirma que las posturas corporales de las figuras marginales resultan incluso más audaces que sus expresiones, especialmente en aquellas en las que hombres y mujeres exponen sus nalgas al espectador, un gesto aún más provocador cuando aparecen desnudos y muestran los genitales. Las nalgas desnudas rompían las normas del arte oficial, al ignorar los modos tradicionales de representación de las figuras medievales, con el fin de alcanzar una realidad más profunda mediante la alteración y simplificación deliberada de la forma. Aunque este gesto debió de poseer también un significado alegórico y metafórico, su impacto era inmediato y difícilmente podía ser malinterpretado. El diálogo entre estas figuras y el canon oficial puede compararse a la confrontación entre dos textos: una interacción entre lo canónico y lo popular.

Villaseñor Sebastián señala que el gesto de separar las nalgas con las manos para mostrar el ano se emplea desde antiguo como medio para ahuyentar al diablo. Este mismo autor recoge el caso de Gerber Kart, quien fue hecho prisionero en 1436 en Constanza por mostrar las nalgas en público, un gesto considerado vergonzoso. Asimismo, este gesto puede interpretarse como signo de blasfemia o de injuria. Según este autor, otro de los nexos asociados al ano en la cultura medieval es la homosexualidad, considerada entonces como pecado de sodomía contra natura. La documentación histórica indica que tanto en el Fuero Real y en Las Partidas de Alfonso X, como en la legislación promulgada por los Reyes Católicos en 1497, la sodomía era castigada con la pena de muerte. Algunas representaciones del infierno muestran al hombre avaricioso con la bolsa colgada al cuello y penetrado analmente por la cola de un demonio, lo que establece una relación simbólica entre el infierno y la penetración anal. Como puede observarse, todas estas interpretaciones son extensibles a las gárgolas en tanto que manifestaciones del arte marginal.

Algunas de estas figuras adoptan posturas claramente contorsionistas. Ya se ha abordado su significado en una entrada anterior. Conviene recordar, no obstante, que Le Goff señala que los contorsionistas, junto a las prostitutas, constituían los arquetipos de una práctica gestual vinculada a la posesión demoníaca, y que durante el siglo XIII fueron considerados proscritos.

 

 

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Catedral de Braga (Portugal)

 

Gárgolas sorprendentes y, para muchos, incluso grotescas, dotadas de una simbología y una tradición que hoy pueden escandalizar e incluso provocar rechazo. Sin embargo, forman parte de nuestra historia, vinculada a una época concreta, la Edad Media, con sus propias tradiciones, formas de vida, moral y religiosidad.

No debemos olvidar que, como señala Fossier, la Edad Media fue una época de extremos. Y, en efecto, lo fue: un periodo en el que lo positivo se manifestaba con una notable intensidad (bondad, misticismo, devoción), mientras que lo negativo alcanzaba cotas igualmente acusadas (sufrimiento, crueldad, obscenidad).

Para muchos, se trata de una época bárbara y terrible; para otros, profundamente sugestiva. Como afirmaba Jacques Le Goff, “la hermosa Edad Media existió realmente”. No puede ignorarse, en este sentido, la Europa floreciente de los siglos XII y XIII.

Un periodo que nos legó un patrimonio histórico y artístico extraordinario, del que las gárgolas constituyen un ejemplo especialmente significativo.

 

 

Bibliografía

CAMILLE, M., Image on the Edge. The Margins of Medieval Art, London, Reaktion Books Ltd., 2008.

FOSSIER, R., Gente de la Edad Media, Madrid, Santillana Ediciones Generales, S. L., 2007.

KENAAN-KEDAR, N., Marginal Sculpture in Medieval France. Towards the deciphering of an enigmatic pictorial language, Hants (England) and Vermont (USA), Scolar Press and Ashgate Publishing Company, 1995.

LE GOFF, J., Una larga Edad Media, Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, S. A., 2008.

LE GOFF, J. y TRUONG, N., Una historia del cuerpo en la Edad Media, Barcelona, Ediciones Paidós Ibérica, S. A., 2005.

REBOLD BENTON, J., Holy Terrors. Gargoyles on medieval buildings, New York, Abbeville Press, 1997.

VILLASEÑOR SEBASTIÁN, F., “Obscenidad en el margen” en I. Monteira Arias, A. B. Muñoz Martínez y F. Villaseñor Sebastián (editores), Relegados al margen. Marginalidad y espacios marginales en la cultura medieval, Madrid, CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Grupo de Investigación de Historia del Arte. Imagen y Patrimonio Artístico. Instituto de Historia, 2009, pp. 101-113; Iconografía marginal en Castilla. 1454-1492, Madrid, CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Grupo de Investigación de Historia del Arte. Imagen y Patrimonio Artístico. Instituto de Historia, 2009.

 

Entrada publicada originalmente en mayo de 2018 y actualizada en marzo de 2026.