Gargopedia

Gárgolas bicéfalas: monstruosidad, simbolismo y tradición en el arte

 

En la entrada de hoy abordamos el tema del bicéfalo en las gárgolas. Para adentrarnos en el mundo de esta criatura monstruosa, comenzaremos explicando, a grandes rasgos, el significado de los seres con dos o más cabezas o con multiplicación de miembros corporales.

 

El bicéfalo y la multiplicación de rasgos en el imaginario monstruoso

Respecto a la multiplicación de miembros o rasgos en el arte, Gombrich afirma que esta acumulación intensifica el carácter espantoso de las figuras representadas, como sucede con la Hidra de siete cabezas o con Cerbero. Esta teoría se relaciona con la necesidad de protección de lugares y edificios existente desde la Antigüedad, como muestran, por ejemplo, los toros guardianes de Asiria (2150-612 a. C.), que flanqueaban la entrada de ciudades y palacios y poseían cinco patas para ser vistos de forma completa desde cualquier dirección. En general, se buscaba que estas figuras presentaran formas terribles y demoníacas para parecer más peligrosas y amenazantes, como imágenes apotropaicas, cuestión ya tratada al hablar de la simbología de las gárgolas.

Los libros proféticos son una fuente fundamental de monstruos para la historia del arte, y en ellos encontramos abundantes ejemplos de seres con multiplicación de cabezas o miembros. En la visión de Daniel de las cuatro bestias, estas se describen como un león con alas de águila, un oso, un leopardo con cuatro alas y cuatro cabezas, y una cuarta bestia con diez cuernos y otro cuerno pequeño que vio despuntar, dotado de ojos y boca (Dan. 7, 1-9). No obstante, la fuente más completa se encuentra en el Apocalipsis: el dragón rojo con siete cabezas, siete diademas y diez cuernos —Satanás—, contra el que combatirán Miguel y sus ángeles (Ap. 12, 3-10 y 20, 1-7); la bestia surgida del mar, con diez cuernos, diez diademas y siete cabezas con títulos blasfemos, semejante a un leopardo, con patas de oso y fauces de león; y otra bestia, al servicio de la anterior, con dos cuernos de cordero, que hablaba como una serpiente (Ap. 13, 1-13). Asimismo, encontramos la visión de los cuatro vivientes llenos de ojos, el Tetramorfos (Ap. 4, 6-9).

Dante cita en su Infierno varios seres mitológicos, como Cerbero (Canto VI, 21-24). Su obra es, además, una fuente imprescindible para la iconografía demoníaca: “De alas abiertas un dragón yacía […] que abrasado dejaba al que delante se ponía” (Canto XXV, 21-24); o “… y una serpiente con seis pies se lanza / sobre uno…” (Canto XXV, 48-51). Especialmente magnífica es la descripción de Lucifer: “Allí mi mente se quedó perpleja, / pues tenía tres caras en la testa. / Una delante, y ésa era bermeja; / las otras dos uníanse con ésta / por cima de una y otra paletilla / y se juntaban en la misma cresta […] Dos alas grandes bajo cada cara […] de murciélago eran; carecían / de plumas, y a la vez aleteaban […] de seis ojos sus lágrimas brotando, / con su sangrienta baba se mezclaban. / Con cada boca estaba triturando / a un pecador, como una agramadera, / a los tres de igual forma castigando” (Canto XXXIV, 36-57). Esta vinculación de la multiplicación de rasgos y miembros con el demonio se asocia también con la figura del gastrocéfalo, de la que ya hablamos en una entrada anterior.

En su investigación, Baltrušaitis señala que las fuentes que han alimentado la fantasía, las leyendas y los monstruos proceden de la Antigüedad clásica, del Islam y del Extremo Oriente, como los genios multicéfalos sumerios o el demonio hitita de Tell-Halaf, con dos fauces de león, de Fenicia, India y Egipto. Esto permite pensar que, en Occidente, a lo largo de la historia, estas imágenes fueron reinterpretadas y readaptadas. Esta idea se observa, por ejemplo, en algunos monstruos, como las figuras de brazos múltiples de las divinidades orientales, y también en lo que aporta san Isidoro cuando se refiere a los hombres con numerosas manos, o Marco Polo cuando habla de los ídolos de la isla Zipangri con varias caras y manos.

La imagen del bicéfalo puede vincularse al dios Jano Bifronte, divinidad que observa al mismo tiempo el oriente y el occidente. Algunos lo identifican con el sol y se le representa con dos rostros como señor de ambas puertas del cielo, porque abre y cierra el día. Suele representarse con una llave en una mano y una vara en la otra, para indicar que preside y custodia las puertas y los caminos. Tiene dos rostros porque ejerce su dominio sobre el mar, el cielo y la tierra. Todo se abre o se cierra a su voluntad, y él solo hace girar el mundo sobre sus polos.

Dentro de los bicéfalos destaca especialmente el águila bicéfala, figura monstruosa y quimérica que aparece representada con frecuencia en las gárgolas. Monreal Casamayor señala que existen antecedentes de águilas de dos cabezas en pueblos de Asia Menor, como los hititas, ya 2000 años antes de Cristo. Los hititas consideraban esta ave símbolo de soberanía, y el águila bicéfala fue una figura empleada en las artes decorativas. Según este autor, probablemente se introdujo en Europa a través de los cruzados, que la tomaron de los musulmanes, entre quienes ya era conocida, pasando posteriormente a los blasones cristianos con su diseño distinguido y estilizado. En heráldica, el águila de dos cabezas se utiliza como emblema de algunos imperios: el águila imperial, símbolo de realeza.

 

Gárgolas bicéfalas en la arquitectura

Seguidamente, se muestran gárgolas con figuras de bicéfalos. En España conservamos ejemplos fascinantes que merece la pena contemplar.

 

 

Bibliografía 

ALIGHIERI, D., Comedia. Infierno, traducción, prólogo y notas de A. Crespo, Barcelona, Editorial Seix Barral, S. A. Biblioteca Formentor, 2008.

BALTRUŠAITIS, J., La Edad Media fantástica. Antigüedades y exotismos en el arte gótico, Madrid, Ediciones Cátedra, S. A., 1987.

GOMBRICH, E. H., El sentido del orden. Estudio sobre la psicología de las artes decorativas, Madrid, Editorial Debate, S. A., 1999.

MONREAL CASAMAYOR, M., “De sermone heráldico II: el águila”, Emblemata, nº 12, 2006, pp. 289-329.

NOËL, J. F. M., Diccionario de Mitología Universal, Vol. II, Barcelona, Edicomunicación, S. A., 1991.

 

Entrada publicada originalmente en junio de 2018 y actualizada en mayo de 2026.